La “Nueva Normalidad”: entre lo público y lo privado; entre la razón y la religión
Comunicación Política

La “Nueva Normalidad”: entre lo público y lo privado; entre la razón y la religión

Natalia Flores Delgadillo

Gestionar la crisis sanitaria, sin duda, ha sido una agenda compleja para los líderes políticos en todo el mundo. Al igual que se evidenciaron las limitaciones de la medicina y la ciencia, la pandemia mostró los alcances y carencias institucionales de sus gobiernos para coordinar acciones emergentes que permitan enfrentar la situación.

La expansión y llegada de coronavirus a México significó una prueba para el gobierno en turno, como ocurrió de manera inherente en cualquier país. La toma de decisiones se realizó con base en experiencias internacionales cuya evaluación encontró lugares de aceptación y desaprobación.

Sin embargo, más que un análisis del impacto de la pandemia o de los resultados brindados por el poder gubernamental, el presente ensayo tiene como objetivo identificar y revisar los fundamentos éticos prepolíticos en el discurso del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, durante la pandemia, en especial en el “Decálogo para salir del coronavirus y enfrentar la nueva realidad”.

Se trata de un recorrido por las nociones expresadas por el primer mandatario, en donde se proyecta una cosmovisión religiosa que se inserta en las discusiones de la esfera pública en el ánimo de legitimar las decisiones de conducción sobre la pandemia.

Para entender el concepto de la esfera pública resultan de gran utilidad las aportaciones de una de las filósofas y pensadoras políticas más reconocidas del siglo XX Arendt, H. (1993), quien define a lo público en su sentido más básico como “todo lo que puede ver y oír todo el mundo”, una cuestión relevante para cumplir los objetivos que se gestan en una realidad común, a pesar de las diferentes perspectivas que existan en un determinado orden social.

Mientras la esencia de la esfera privada, la autora alemana, propone una condición de intimidad del individuo mismo, en donde prevalece la ausencia del diálogo común.

“Vivir una vida privada por completo significa por encima de todo estar privado de cosas esenciales a una verdadera vida humana: estar privado de la realidad que proviene de ser visto y oído por los demás, estar privado de una objetiva relación con los otros que proviene de hallarse relacionado y separado de ellos a través del intermediario de un mundo común de cosas, estar privado de realizar algo más permanente que la propia vida.” (Arendt, 1993 p. 67)

Más que una antítesis de conceptos, en el discurso de Andrés Manuel López Obrador, se observa una dualidad entre lo público y lo privado. Con la evolución de la pandemia, se revela una poderosa narrativa sustentada en la reconfiguración del ámbito público con la “Nueva Normalidad’’ y que es apoyada desde la renovación del ámbito privado con el fortalecimiento de principios actitudinales y éticos del individuo.

Entendiendo la crisis

Naturalmente, la crisis no sólo ha propiciado cambios en los sistemas políticos y de salud, sino también en todos los aspectos de la humanidad. En la opinión de Yuval Noah Harari, historiador y escritor israelí, aunque la pandemia concluya en un momento dado, las decisiones que se tomen actualmente podrían modificar el estilo de vida de las personas durante los años venideros. (Noah Harari, Y, 2020.)

Y es que si bien una crisis no se puede evitar, sí se pueden minimizar sus impactos negativos. Los liderazgos políticos del mundo tuvieron la misión de trabajar con ese enfoque ante la llegada del nuevo virus, y el caso del presidente mexicano no fue la excepción.

Lejos de promover criterios técnicos en su proceder gubernamental, como podrían ser la evaluación de costo-beneficio, cobertura o efectividad en las políticas implementadas, López Obrador privilegió en todo momento los criterios éticos, apelando a la protección de la vida, como el bien más importante.

Con este tipo de propuestas el Presidente recibió reiteradas críticas por la opinión pública aludiendo a la poca responsabilidad para actuar ante los inminentes riesgos de la pandemia. Quizá fue la mermada atención para seguir y aplicar las normas básicas de distanciamiento social, la negación del uso de cubrebocas por parte del mandatario como una medida obligatoria, el creciente aumento en el número de fallecidos o la falta de implementación de planes económicos más robustos y con mayor celeridad ante la crisis, lo que derivó en algunas críticas.

Independientemente de la asertividad o pertinencia de los comentarios expresados por la opinión pública, lo cierto es que el “Decálogo para salir del coronavirus y enfrentar la nueva realidad” (2020) de López Obrador resultó muy atractivo mediática y socialmente, que amerita una revisión oportuna.

Decálogo para salir del coronavirus y enfrentar la nueva realidad

Con una visión muy “lopezobradorista’’, en este Decálogo es posible distinguir dos clases de preceptos: unos que apelan a lo tangible para procurar la salud física y otros que alcanzan una dimensión basada en la reconstrucción y renovación del espíritu del individuo a partir de la fe. Esta situación, incluso, se podría traducir en la dialéctica entre la razón y la religión de las que hablaban Ratzinger y Habermas, cuidando sus respectivas patologías.

Aquí, vale la pena puntualizar que la alusión “lopezobradorista” al Décalogo se justifica de la siguiente manera: a lo largo de su trayectoria como político, la figura pública en cuestión ha recurrido al uso de herramientas y simbolismos religiosos que contribuyen a identificarse con el electorado y la población en general.

En ese orden de ideas, el Presidente de la República divulgó el 13 de junio de 2020, el Decálogo en donde expresa:

“‘En esta etapa hacia la nueva normalidad debemos recobrar a plenitud el sentido de la libertad y decidir nosotros mismos con base en lo que hemos aprendido cómo protegernos del contagio y de la enfermedad. A mi ver y mi entender debemos asumir la construcción de la Nueva Normalidad con estas acciones y actitudes”.

Respecto a las primeras directrices para salvaguardar el bienestar físico, López Obrador, emite ciertas recomendaciones basadas en la racionalidad como la prevención de la enfermedad, a partir de la aplicación de medidas sanitarias y el fortalecimiento del sistema inmune.

Por ejemplo, el primer punto aborda la responsabilidad de estar informados por fuentes oficiales para evitar caer en la propagación de información falsa e incierta que provoque el pánico entre la población. Otros de los rubros en este primer sentido es la adopción de hábitos como realizar ejercicio o algún deporte, llevar una alimentación saludable, así como liberarse de cualquier angustia o nivel de estrés.

Por otro lado, el presidente de México emite una valoración explícita sobre los lineamientos éticos, de actitud y comportamiento que las y los habitantes deben poner en práctica para superar la pandemia. Es justo en este segundo enfoque, en donde se ubican los preceptos que se apartan de la secularización del Estado, pero que complementa el entorno racional de las primeras sugerencias prescritas.

En el escrito “Entre Razón y Religión: Dialéctica de la Secularización”, el reconocido autor de origen alemán Jurgen Habermas, quien colaboró en ese mismo ensayo con Joseph Ratzinger, conocido como el Papa Benedicto XVI, se cuestionaba sobre las fuentes de un Estado constitucional para renovar sus fundamentos normativos y apuntalar los principios de legitimación de su mismo poder. En palabras de Habermas:

“Los ciudadanos secularizados, en tanto que actúan en su papel de ciudadanos del Estado, no pueden negar por principio a los conceptos religiosos su potencial de verdad, ni pueden negar por principio a los conciudadanos creyentes su derecho a realizar aportaciones en lenguaje religioso a las discusiones públicas”.

Esto a su vez, dialoga con el planteamiento de Bockenforde, retomado en el mismo texto de “Dialéctica de la Secularización”, en donde hay un anclaje en las creencias éticas y prepolíticas de comunidades religiosas para garantizar la legitimidad de un orden constitucional, similar a los actos discursivos emanados por el Presidente.

En su lucha permanente por reconstruir el tejido social trastocado por el orden neoliberal, es claro que para López Obrador, los valores y los argumentos religiosos son un elemento importante para revertir cualquier inclinación a la degradación del ser humano y de la colectividad, sobre todo en este contexto de pandemia.

Aunado a sus luchas paralelas como el combate a la corrupción y la ayuda a los más desprotegidos, la introducción de este Decálogo por el Presidente de México promueve la dualidad de la fe cristiana y la racionalidad occidental laica que termina por reforzar Ratzinger en el ensayo referido.

A lo largo de sus principios, proyecta a la solidaridad como el método sagrado para construir una visión conjunta ante la adversidad, expresando su rechazo al egoísmo y al individualismo. “Seamos solidarios y humanos, si tenemos algo más de lo que necesitamos procuremos compartirlo, nada produce más dicha que la práctica de la fraternidad”.

De acuerdo con Habermas (2018), la solidaridad se reproduce a partir de la motivación y la actitud de los ciudadanos en función de ser coautores democráticos del derecho. Esto significa que la ciudadanía pone en práctica sus derechos de participación no sólo por interés propio, sino por el bien común. Nuevamente, la solidaridad y fraternidad son vistas como virtudes políticas en el gobierno de López Obrador que son fuentes necesarias para la democracia, pero sobre todo un recurso y una cualidad en tiempos que no son normales.

Cabe destacar que Andrés Manuel López Obrador, incluso en semanas pasadas, aplaudió la crítica que hizo el Papa Francisco al neoliberalismo, quien presentó a la encíclica la “Fratelli Tutti” (Hermanos todos) en la que expuso su apreciación sobre la fragilidad del libre mercado frente a los problemas sociales y a cualquier desafío como resultado de la pandemia.

En ese contexto, otro de los puntos del Decálogo coincidente con la encíclica del Papa fue el no dejarse envolver por lo material, alejarse del consumismo, ya que, argumenta, la felicidad no reside en la acumulación de bienes materiales, ni se consigue con lujos extravagancias y frivolidades.

En opinión del autor Peters, (2017): “una de las narraciones del pensamiento moderno es la secularización, el supuesto fin de la religión. Los historiadores han mostrado lo erróneo de esta narración desde diversas perspectivas (…) La aparición de la religión en el escenario mundial hoy no es una simple regresión a una situación histórica anterior. La religión es en muchos casos una crítica radical de y una alternativa a la modernidad capitalista. Ofrece formas de solidaridad que se oponen a la semilla neoliberal; ofrece vivencias y una noción de las virtudes que trasciende el consumismo moderno y su cultura de autorrealización a través del placer. La esfera pública liberal se apoya sobre una visión moderna del alma y una definición secular de la razón. (p.366)

El Presidente también agrega la eliminación de las actitudes racistas, clasistas, sexistas y discriminatorias en las personas, reforzando los valores culturales, las tradiciones y la organización social comunitaria, así como la búsqueda de un camino de espiritualidad, de un ideal o utopía, independientemente si son creyentes o no, o practican alguna religión, en aras de fortalecer al individuo en lo interno para ayudar y amar a los seres queridos, al prójimo, a la naturaleza y a la patria.

Aquí se valida la reconfiguración de la esfera pública que se proponía al inicio a partir de la transformación del individuo en la “Nueva Normalidad”. Es decir, hay una búsqueda para la renovación de la esencia y las virtudes del sujeto enmarcadas en la esfera privada, con el propósito de que una vez alcanzadas, le permitan contribuir a los asuntos de la patria o nación, mediante una participación activa en la comunidad o la unidad colectiva.

Apuntes finales

El mundo moderno cobija un debate infinito entre los vínculos de la religión y la política. En el recorrido de ideas del presente ensayo, se observa un incipiente resurgimiento de la religión en el contexto mexicano durante la pandemia a partir del discurso político.

En un retorno a los fundamentos teóricos de Hannah Arendt, el discurso es presentado como la acción comunicativa necesaria para llegar al consenso por encima de cualquier imposición de la fuerza o de la violencia.

“Discurso y acción se consideraban coexistentes e iguales, del mismo rango y de la misma clase, lo que originalmente significó no sólo que la mayor parte de la acción política, hasta donde permanece al margen de la violencia es realizada con palabras, sino algo más fundamental, o sea, encontrar las palabras oportunas, en el momento oportuno es acción, dejando aparte la información o comunicación que lleven” (ARENDT, p. 53)

El lenguaje emitido por López Obrador no sólo amplía las posibilidades para legitimar el proceder gubernamental en la emergencia sanitaria, sino también para construir un sistema unitario en la nueva normalidad sustentado en ideas éticas prepolíticas.

La narrativa del “Decálogo para salir del coronavirus y enfrentar la nueva realidad”, se alimenta en gran medida de ideales éticos y de aspectos culturales de vida, como la solidaridad, la fraternidad, el rechazo al individualismo y al consumismo, el amor al prójimo, así como la práctica de un camino espiritual o religioso.

En la disertación del Presidente, existe una ambivalencia entre la religión y la razón, como apunta el ensayo de “Dialéctica de la Secularización”. Dicha correlación está situada en el marco de una sociedad pluralista que busca respuestas inmediatas en una situación desconocida por la crisis.

Finalmente, y no por ello, menos importante, es posible encontrar un recurrente doble ascenso de lo público y lo privado mediante la enunciación de la participación de la unidad colectiva, sin perder de vista la proliferación de tintes teológicos y valores humanitarios de la persona.

Quizá la gran apuesta de esta fenomenología ética y religiosa en la política será continuar reproduciendo este tipo de disertaciones como una justificación independiente a los resultados técnicos de la pandemia, con la pretensión de que las decisiones gubernamentales sean aceptables en la población.


Referencias
● Arendt, H. (1993) La Condición Humana. Barcelona, España. Editorial Paidós.
● Habermas, J. & Ratzinger, J. (2008) “Entre Razón y Religión: Dialéctica de la Secularización”. México. FCE.
● Peters, J. D. (2017) “La libertad de expresión en el mercado de las ideas”, en Persona y Derecho. No. 77. España. Universidad de Navarra.
● López Obrador. (2020) “Decálogo para salir del coronavirus y enfrentar la nueva realidad” en YouTube.
● Noah Harari, Y (2020) “The World after coronavirus” en Financial Times.
● Verdú, D. (2020) “El Papa arremete contra el neoliberalismo y el populismo en su documento más político.” El País.


Publicado en la edición #251 de revista Zócalo (enero 2021).

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13 enero, 2021