La transformación de los arrodillados
Comunicación Política

La transformación de los arrodillados

Luis Guillermo Hernández

Estaban arrodillados y ahora se levantan

Al menos es lo que podría argumentarse de algunos de los opinadores mediáticos que fueron evidenciados en el informe Análisis Editorial de Principales Periódicos a Nivel Nacional, elaborado por la consultora Intélite y dado a conocer en la conferencia matutina del Presidente Andrés Manuel López Obrador a mediados de octubre.

      Estaban al servicio de un régimen, a gusto del cual engañan hoy como han engañado a lo largo de cuarenta años.

Son los mismos. Los conocemos, las conocemos. Esos hombres y esas mujeres que disfrazan, con la manoseada máscara de luchamos por la libertad de expresión, lo que en realidad es una vulgar y mañosa defensa a ultranza del añejo #StatuQuo, ese escalafón de la ignominia del que fueron beneficiarios, beneficiarias.

      Por ello no es casual el resultado del estudio:

“El total de notas de opinión dirigidas al Presidente Andrés Manuel López Obrador,casi duplica las generadas para Enrique Peña Nieto,y prácticamente triplica las publicadas para Felipe Calderón Hinojosa.

      “En general, las menciones negativas son mayores que las positivas para todos los presidentes en su segundo año de gobierno”, como establece el informe, que no hace sino reflejar con datos cuantitativos aquello que hemos visto, escuchado y analizado de modo empírico quienes nos dedicamos al negocio de la prensa: “la opinión publicada no es equilibrada en ningún caso. Reforma, El Universal, El Economista y El Financiero aparecen sistemáticamente más críticos a AMLO que a cualquier otro presidente”.

     Apelo a lo insólito del estudio: analizar el comportamiento de la opinión generada en los principales diarios impresos, para poner en números el trabajo cotidiano de difusión de ideas en los medios Excélsior, El Universal, Milenio Diario, El Financiero, Reforma, La Jornada, El Economista y El Heraldo de México.

     Apelo también al objetivo de su análisis:contrastar de manera objetiva a los actores, utilizando el análisis de contenido con una metodología correcta: seleccionar un día de la semana de cada mes del segundo año de gobierno de cada Presidente, como forma de paliar el sesgo analítico.

     Y no puedo sino compartir sus resultados, que se acercan totalmente a lo que otros vimos de manera empírica: la vieja comentocracia mexicana está furiosa con un gobierno que les quitó privilegios, recursos, relevancia, pertinencia y sentido: es la transformación de los arrodillados.

     En estas mismas páginas generosas (Ver Zócalo No. 188) en 2015 difundimos un estudio firmado en colaboración con los Doctores en Comunicación Patricia Maldonado y Alejandro Cárdenas, en el cual identificamos un fenómeno: la supeditación de la línea editorial de periodistas y medios, a partir de la entrega de recursos públicos.

En ese análisis, que daba cuenta de ciertas lógicas mediáticas en el sexenio de Enrique Peña Nieto, establecimos, entre otros puntos, que la discresionalidad en el otorgamiento de recursos publicitarios, que en ningún caso se correspondía con el impacto social, la pertinencia del medio o la evaluación costo-beneficio, indicaba la permanencia de vicios muy enrraizados: contubernio, líneas editoriales acríticas, privilegio de las versiones oficiales, dependencia editorial y financiera y señalábamos una advertencia:

“…decir que el sistema mediático mexicano padece una enfermedad severa en materia comunicacional, cuyo síntoma más evidente es el extendido clientelismo producto de la aplicación discrecional de recursos publicitarios públicos, no es decir algo nuevo. Aunque si muy grave”.

     Hablábamos entonces de la misma prensa que hoy clama y se lamenta por una supuesta embestida desde el poder contra las voces mediáticas críticas, por un patrón de insultos y calumnias contra ellas, contra ellos, por una avalancha de descrédito que los sepulta:

Joaquín López Dóriga, Ricardo Alemán, Pablo Hiriart, Raymundo Riva Palacio, Pascal Beltrán del Río, Héctor Aguilar Camín, Francisco Garfias, Eduardo Ruiz Healy, Leo Zuckerman, Carlos Loret. Hablábamos, en fin, de ellas y ellos que hoy, en el colmo de la tergiversación o del cinismo, se dicen perseguidos y hasta víctimas de sicarios de las redes sociales, francotiradores de Twitter, pistoleros del Youtube.

En 2017, cuando en estas mismas páginas (Ver Zócalo ) publicamos una actualización de ese estudio, identificamos exactamente el mismo patrón: el dinero público supeditaba, en buena medida, las líneas editoriales.

     No es casual, en ese contexto, de ningún modo es casual que el listado de periodistas hoy abiertamente adversos al gobierno del Presidente López Obrador coincida en buena medida con el listado de periodistas que recibieron cantidades ominosas de dinero público en el sexenio de Enrique Peña Nieto, como también se documentó en este espacio.

    No es casual: periodistas que aparecen en aquellas listas de beneficiarios del viejo régimen son muchos de los cuales hoy se dicen víctimas y claman, desde los múltiples púlpitos que controlan en programas de televisión y radio, en sus columnas y artículos de diarios, revistas y portales digitales, en libros y folletos, que los persiguen. Que las persiguen.

Así, sin rubores ningunos

Que sea el Presidente quien revele el estudio, puede interpretarse como una confrontación directa, y quizá innecesaria, entre el poder presidencial y el poder mediático, pero en la lógica de los profundos y evidentes desequilibrios que prevalesce en los medios, las cosas se leen distinto.

Ellos, ellas, han defendido por años sólo la libertad de expresión del presidente en turno, han recibido millones del erario por su valioso silencio, han manipulado los hechos a conveniencia del poder político o económico en turno, han replicado sin cuestionar las versiones oficiales, han mirado hacia otro lado mientras asesinaban a sus pares. Estiraron la mano y cerraron la boca, indolentes ante mis miles de colegas lanzados a la calle, guardaron silencio cuando los espacios se cerraron a quienes no pensaban según el dictado del sistema.

¿Dónde estuvieron sus voces de alerta, en los más de ciento veinte asesinatos de periodistas de los últimos diecinueve años?

     ¿Dónde, en el despido masivo de reporteros, camarógrafos, redactores, editores y trabajadores ubicados en los eslabones más débiles de la cadena mediática mexicana?

¿Dónde, en el acoso sistemático a medios regionales grandes y pequeños? ¿Dónde en la protesta por las condiciones laborales y económicas oprobiosas de miles de trabajadores de los medios? ¿Dónde en la censura directa, grosera, a periodistas a pie de calle?

      La presencia de periodistas en el revelador informe de Intélite, es la condensación de un saber añejo: la prensa mexicana se vende, se ha vendido, y ahora que no tiene comprador, está furiosa, desesperada, histérica.

Pero sus lamentos, como siempre ha sido, no buscan transformar el estado de las cosas en el panorama mediático nacional, tan urgido de cambios, reacomodos, sangre nueva, rumbo distinto. Sus gritos, sus pataleos, no buscan mejorar las condiciones de vida de miles de trabajadores de las redacciones.

     Sus denuncias no pretenden que la sociedad mexicana entienda el gravísimo peligro de carecer de una prensa libre como valor para nuestra frágil democracia. Sus lamentos no buscan renovar la anquilosada maquinaria de ideas e información que tiene décadas autodestruyéndose sin remedio.

    No: ellos, ellas, sólo buscan mantener sus privilegios.

Esos púlpitos donde nadie los cuestiona. Sus pautas publicitarias, multimillonarias. Su impunidad, para decir y hacer sin que nadie los cuestione.

Su control del discurso social.

Su monopolio de ideas en un sólo sentido.

Su verdad única, incuestionable y conveniente.

Yo, que los conozco bien, no dudo en señalarlos, en señalarlas: 

No les interesan mayormente las libertades de pensamiento y expresión de las ideas. Les interesa su negocio. Y ese sí, sépanlo, está en proceso de desaparición.

Publicado en la edición #249 de revista Zócalo, noviembre 2020.

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9 noviembre, 2020