Los medios son racistas, cuando no caricaturizan, invisibilizan a morenos e indígenas: Hernán Gómez
Comunicación

Los medios son racistas, cuando no caricaturizan, invisibilizan a morenos e indígenas: Hernán Gómez

Diego Ríos

En este país la gente es racista. Este hecho se refleja y reproduce en la televisión, prensa y el cine, donde presentadores, analistas y actores son mayoritariamente de tez blanca. Este es uno de los ángulos abordados en el libro El color del privilegio, el racismo cotidiano en México, escrito por Hernán Gómez Bruera, y publicado por Planeta, donde el autor aborda desde la perspectiva de los “blancos privilegiados” el análisis al lenguaje, belleza, política y hasta la pejefobia.

¿De qué forma la televisión y el cine han contribuido a estereotipar a personas negras e indígenas en nuestro país?

– La televisión es un espacio de blanquitud. En los estudios elaborados para este libro revisamos los comerciales de televisión que salieron durante el año 2019 e identificamos que 70% de las personas que aparecían en estos eran de piel clara y sólo el 30% eran morenos.

Sólo aparecen personas morenas cuando se trata de campañas de organizaciones no gubernamentales, asociaciones civiles, o cuando se quiere exaltar el orgullo nacional. Pero siempre que se quiere vender un producto nuevo se usan personas blancas. Luego de revisar 874 programas televisivos comprobamos que tan sólo en 64 de estos se veía a una persona indígena.

La televisión mexicana se ha encargado de imponer a sucesivas generaciones de ciudadanos determinados modelos de éxito, belleza y reconocimiento social ligados a la minoría blanca que, por lo general, no guardan el menor parecido con la gran mayoría de la población.

Una de las manifestaciones del racismo es caricaturizar a determinadas personas. Ejemplo de esto son Memín Pinguín y La India María, el primero fue un caso emblemático porque el día que al gobierno se le ocurrió hacerle una estampilla postal, los gringos pusieron el grito en el cielo, y en México los gobernantes en turno salieron acompañados de intelectuales muy destacados a defender al personaje del comic “afrodescendiente dibujado de forma caricaturesca como un simio” porque supuestamente no era racista.

Esto nos muestra hasta qué punto está normalizado el tema. Una óptica igualmente racista se presenta en el personaje de La India María “pobre, tonta y fea, pero honrada”, en la que se parodia a una mujer mazahua en una interpretación que caricaturiza al extremo el imaginario colectivo sobre el indígena mexicano. Parte de los estereotipos en contra de las personas indígenas y afromexicanas se crean cuando o los caricaturizamos, o los invisibilizamos.

– ¿Quién es el culpable, el que produce contenidos con tendencias racistas, o la audiencia acostumbrada a determinados roles según el tono de piel?

– Yo me inclinaría por quien produce los contenidos, pues ellos siempre se excusan diciendo que eso es lo que quiere la gente, pero la verdad es que si tú no le das otra cosa que no sea mierda a la audiencia, la audiencia no se va a acostumbrar a consumir mierda.

La principal responsabilidad está en quien produce los contenidos y en la medida que produzcamos contenidos más reales y con menos discriminación y prejuicios clasistas y racistas, los medios vamos a ir educando mejor a la gente, porque en este país la gente se educa y se forma de una opinión a través de los medios de comunicación. Y si no ofrecemos otra cosa desde los medios es difícil que la gente tenga otro tipo de intereses y exigencias en los demás aspectos de su vida.

En los programas de televisión, no solamente quienes aparecen en pantalla, sino los dueños de estos medios y los altos directivos también son blancos, y esa es su perspectiva de la realidad y del mundo. No es extraño ver en los principales canales de noticias cómo sus presentadores y analistas son mayoritariamente blancos. En Imagen Televisión el 83%, en Televisa el 80%, en TV Azteca y Milenio el 54%. En cualquier caso, siempre es más de la mitad en un país donde sólo el 12% de la población es de tez blanca.

– ¿A qué le atribuyes el que una inmensa mayoría de los columnistas de la prensa mexicana son de tez blanca, siendo que este país es históricamente moreno?

– Tiene que ver con la forma en la que conciben la realidad los dueños de los medios, y eso es algo de lo que yo mismo me he beneficiado. Es un hecho muy singular porque cuando uno lee los periódicos se da cuenta que de entre todas las grandes plumas casi nunca ves a una persona indígena escribiendo una columna de opinión en un diario nacional, es muy raro, o simplemente no lo hay. Y yo me pregunto qué clase de democracia somos si la voz está monopolizada por hombres heterosexuales de más de 50 años, de tez blanca, de nivel socioeconómico alto, y pertenecientes al 2 por ciento más rico de la población. Eso no es riqueza informativa, ni es deliberación pública democrática, porque las voces que estamos escuchando son solamente las de un sector privilegiado de la población.

Yo escribí de esto hace tiempo y obviamente las respuestas fueron muy violentas, pues me acusaron de estar siendo fascista por exponer estos hechos que son comprobables al abrir cualquier periódico.

– Tus críticos comparten tus mismos privilegios, sin embargo, no les gustó que fueras tú quien los exhibiera

– Ellos son muestra de la sensibilidad que genera en la élite blanca el que se cuestionen sus privilegios. Reaccionan muy violentamente cuando se les cuestionan, y más cuando lo hace alguien que consideran parte de esa misma élite porque lo ven como un traidor.

Quien, Caras, y Hola nos presentan a una élite blanca que convive entre cócteles, disciplinas deportivas y eventos religiosos de gran lujo, ¿realmente es así ese 2% de la población mexicana de la cual son reflejo estas revistas?

– Lo que estas publicaciones muestran ni siquiera es como son realmente los miembros de la élite en México, porque tú en la élite mexicana sí ves personas morenas. No toda la élite en nuestro país es de tez blanca. Cuando ves estas revistas te das cuenta que tampoco reflejan a la élite real, publican muchos más blancos de los que hay, y lo que esto demuestra es que las revistas de “sociales” son un reflejo de lo que la élite mexicana quisiera ser.

En pocos espacios mediáticos se observa una discriminación racial tan clara como en las cada vez más leídas revistas de “sociales”, publicaciones que intentan mostrar el ideal al que aspiran las élites y retratarlas como quisieran verse a sí mismas, bajo sus propios términos de elegancia.

– En tu libro abarcas la caricatura política, centrándote en Paco Calderón de Reforma, aunque también mencionas a Eduardo del Río

– La obra de Rius no intenta ser racista, sería injusto calificar a Eduardo del Río como un caricaturista racista. Rius retrataba a los indígenas descalzos como una crítica al poder por el abandono que los mantenía en la pobreza extrema, y a las privaciones que fueron sometidos históricamente. En cambio, en el caso de Calderón, sí se ve un patrón de caricaturas raciclasistas por la forma en que estereotipa a los mexicanos frente a los gringos: el mexicano es gordito, chaparrito y panzón. Otro ejemplo son los maestros de la CNTE, a quienes dibuja de maneras sumamente degradantes: primitivos, flojos, desprovistos de inteligencia o incluso como si tuvieran algún tipo de discapacidad mental.

– ¿Y qué decir de los medios estatales, donde según tu libro “se expresa más claramente el racismo contra los pueblos indígenas”?

– Es terrible la manera en que colocan a los indígenas como personas que beben, no trabajan, se dan a la vagancia y que no son responsables.

Esto al final se reproduce en los medios nacionales fomentando prejuicios que van forjando la imagen existente de estas personas. En muchas ocasiones los medios no incurren en estas faltas por mala voluntad, sino por ignorancia.

Mucho del racismo es por ignorancia, no porque la gente sea mala. Sería muy útil que se acerquen los medios a instituciones como la Conapred, y los Copred de los estados para que tomen cursos de sensibilización en materia de discriminación.

– ¿Cómo asumes las reacciones surgidas por el hecho de que siendo una persona de tez blanca escribes sobre estos temas?

– Fíjate que son muy interesantes, algunas me preocuparon como las de militantes antirracistas que les reconozco su trayectoria y criticaron que alguien lucrara con un tema sobre el cual debieran escribir las víctimas de racismo. Yo creo que esa apropiación del tema es equivocada, porque si bien es cierto el que hay que darles voz a las víctimas, y que para hablar de violencia de género quienes lo tienen que hacer es quienes lo padecen que son las mujeres. Yo no estoy hablando solamente de quienes son víctimas del racismo, estoy tratando de desnudar a los victimarios, y quien mejor que yo mismo desde mi posición de una persona privilegiada del racismo que ejercemos nosotros hacia el resto de la sociedad.

Quién mejor que alguien privilegiado para cuestionar el propio privilegio, desde ese lugar escribí este libro y no estoy diciendo que yo estoy exento de racismo, creo que es un problema de todos que me incluye a mí también.

Tenemos que aprender a verlo en nosotros mismos para superarlo, y no siempre estar viendo el racismo y clasismo en el ojo ajeno, sino en el propio.

– ¿Qué te motivo a escribir sobre este tema desde el bando de los “blancos privilegiados”?

– Me pareció que no hay testimonios de este tipo. La élite blanca en México tiende a pensar que muchas de las cosas que ha logrado son naturales, y nunca se ponen a pensar que mucho de lo que tienen es producto de cuestiones que son de cuna, y no por méritos propios.

Me pareció importante decir desde un testimonio en primera persona lo que implica tener tez blanca y rasgos occidentales en un país como el nuestro, pues es muy importante que desde este lado racionalicemos nuestros propios privilegios, ya que hay un racismo que emana de los sectores acomodados del que no hemos hablado lo suficiente, y que por el efecto multiplicador de las acciones que estos sectores tienen ante el conjunto de la sociedad.

Es importante ponerles más atención, porque es gracias a su influencia en los más diversos ámbitos, que estos grupos tienen mayor capacidad de imponer estereotipos y estigmas al resto de la gente.

– ¿En qué abona a nuestra de por sí polarizada sociedad el airear este tema?

– Vivimos un momento en que estos temas han empezado a discutirse cada vez más porque hay un Presidente que reconoce abiertamente que tenemos un problema de racismo en el país, cosa que no ocurría antes. El racismo nunca se había reconocido en un nivel tan alto, López Obrador habla del tema en sus discursos posicionándolo como una de sus prioridades a erradicar, y la 4T ha generado una conversación en torno a las desigualdades, incluidas el racismo y el clasismo, así que lo consideré buen momento para entender mejor estos temas. Incluso hay quien cree que existe un “racismo inverso” y que los blancos son víctimas de racismo en México, cosa que es una reverenda estupidez. Estos temas se tienen que discutir.

Mucha gente dice que no deberíamos hablar del tema porque eso polariza, yo creo todo lo contrario, esa es una postura pusilánime y a quien más conviene silenciar estos temas es a quienes detentan los privilegios y quieren defender el estatus quo y que todo siga como está. Yo quiero que las cosas cambien y por eso me parece que es importante discutir estos temas y politizarlos. Lo que hemos hecho como sociedad en esta coyuntura de un nuevo gobierno es poner estos temas sobre la mesa, algo de lo que antes no hablábamos.

Estoy convencido de que la lucha contra el racismo en México pasa, en primer lugar, por romper el silencio y discutir el tema de forma tan acalorada como sea necesario.

Hernán Gómez conduce el programa “El Octágono”, en La Octava y es articulista en El Heraldo de México. Doctor en Desarrollo por el Institute of Development Studies de la Universidad de Sussex, maestro en Relaciones Internacionales por la Universidad de Amsterdam y licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la UNAM.

Publicado en la edición #251 de revista Zócalo (enero 2021).

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11 enero, 2021