Montejano, un hombre leyenda de Radio Educación
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Montejano, un hombre leyenda de Radio Educación

* El mantenerse cerca de la vida es la crónica

* Cada quien es testigo de su tiempo

(Ricardo Montejano, periodista, fotógrafo y productor de Radio Educación, fue distinguido por el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM) con el Premio José C. Valadés 2022, por el rescate de las fuentes para la historia de México durante los siglos XIX y XX, el cual le será entregado mañana viernes 11 de noviembre)

José Luis Camacho López

Ricardo Montejano del Valle está convencido de que por los medios de comunicación pasa la verdadera transformación del pueblo. Prefiere decirle el “pueblo” y rechaza cualquier otro término eufemístico. Marxista estudioso y convencido; fotógrafo, cineasta, productor de radio, narrador, escritor, periodista, editor de libros, durante 40 años se ha dedicado a recoger testimonios de obreros, campesinos e indígenas.

“El mantenerse cerca de la vida es la crónica”, dice en una larga entrevista efectuada en el área de productores de Radio Educación. Se define como un cronista de su tiempo. Sostiene que la crónica, como reflejo de la vida, debe ser flexible en los formatos. Asegura que se pueden armonizar en la crónica las imágenes, los sonidos y las palabras.

Montejano encuentra en la imagen estática y en movimiento (fotografía, video y cine), en los sonidos (la radio) y la letra impresa, los instrumentos idóneos para reflejar la crónica como género de una comunicación integral.

“Por eso no soy analista –dice– porque en el lenguaje del análisis es difícil que millones lo entiendan. La vía testimonial, en cambio, es el medio idóneo porque lo que escuchas en voz de alguien como tú, es un lenguaje que es el que tú entiendes, el testimonio de lo vivido”.

Recoger los testimonios directos es lo que hace a este cronista y productor de radio, un hombre leyenda en Radio Educación.

Montejano nació en el Distrito Federal el 1 de abril de 1947, hijo de un filósofo, Jesús Montejano Uranga, y de una maestra de literatura, Margarita del Valle. Su origen está en familias de revolucionarios, su abuelo materno, Manuel del Valle, era un dirigente magonista, líder obrero en Puebla y “cómplice” de la familia Serdán.

La memoria de este peculiar productor radiofónico es de intensos recuerdos vivos. Es la viva imagen de un Quijote, de barba, alto, delgado, cordial. Tiene presente la herencia del ramal de los Montejano de Chihuahua y de los Del Valle de Puebla.

“Por parte de mi papá son postmodernos, pasaron los apuros del Cuartel Madera. En 1965 cae preso mi primo Pedro Montejano por el ataque a ese cuartel militar. Sale amnistiado, pero cuando muere el Che en 1967 junto con Antonio Gershenson coloca una bomba en la embajada de Bolivia”.

Montejano estudió en la Universidad de Colorado College, en Estados Unidos, por medio una beca que le otorgó el Instituto de Intercambio Cultural de Estados Unidos. Vivió en Monterrey, pero le quedó “chiquita” la ciudad. De padre filósofo y de madre maestra de literatura, “el común de nuestro pensamiento familiar era una amplia libertad en todo sentido, de pensamiento y de acción”.

Al regresar de EU valoré la cultura de México

“Vi un anuncio en el Instituto de Intercambio Cultural de Estados Unidos, me entrevistaron, metí mis papeles, me asignaron la Universidad de Colorado College. Tenía 17 años cuando iba a salir, en junio de 1964, pero vieron que yo era demasiado niño. Uno de los requisitos es la edad de 18 años. Pero finalmente salí becado.

“Al regresar de Estados Unidos valoré la maravilla de cultura que teníamos en México. Antes de irme EU ya participaba en los talleres que impartía Juan José Arreola, de la revista Mester. José Agustín, recién acababa de publicar La Tumba. Nos reuníamos en Avenida Juárez 9, en el mezzanine.

“En Arreola encontré un guía. Mis cuentos que presentaba al taller eran muy malos, malísimos, pero Arreola me animó a seguir escribiendo, porque un descolón cuando eres joven es muy duro, es como una poda. Arreola no me podó, me dejó crecer como un árbol y aquí estoy”.

Al regresar de Estados Unidos, Montejano se dio cuenta de la “maravilla de la cultura que teníamos”. En un campamento del INAH, tomando café con Arturo Warman, que “se ligó a Teresa Rosas, famosísima antropóloga, hija de Pedro Rojas, uña y mugre de Eli de Gortari, del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, platicamos de la hormiga cuatalata que convivía con la víboras en las cuevas. Era el mundo de Quetzalcóatl, el de los soles del mundo indígena”.

Ricardo está convencido de que la perspectiva del país le nació desde afuera, como a Emiliano Zapata, quien después de conocer el entorno externo, regresó a su comunidad, a la lucha. “Después de tener mundo, como decían en mi familia”.

De su padre recuerda un gesto que le ilumina el rostro: “Ya estando en Monterrey, estaba en secundaria cuando mi padre me llevó de la mano al centro de la ciudad, a la librería Iztaccíhuatly le dijo al gerente que se registrara la firma de su hijo para que retire los libros que él quiera. Fue un regalo que me dio mi padre invaluable porque significó para mí acceso a cualquier libro por más caro que fuera”.

“De chamaco me dediqué a una búsqueda espiritual muy grande, libros de Lao Tse, de las culturas orientales. Mi madre me decía que sí leía a Herman Hesse o a Jean Paul Sartre me iba a deprimir, pero me arrimaban los libros. Mis lecturas eran Rayuela de Julio Cortázar y sus cuentos; La ciudad y los Perros de Mario Vargas Llosa; era el boom de la literatura latinoamericana”.

Montejano tiene presente cuando tomó su primer rollo de fotos. “Fue en la casa de Pedro Rojas, tomé unas fotos de Eli de Gortari con Ofelia Medina”. En la memoria de este productor de radio que echa por delante la militancia social está siempre viva la imagen de Ofelia Medina. “Yo iba por Ofelia a la Preparatoria Uno. La calle brillaba cuando el joven provinciano se encontraba con una joven bailarina; nos queríamos tanto que hasta la fecha, cuando nos encontramos con nuestras diferentes parejas, nos saludamos con mucho afecto y recuerdo”.

“Gozábamos mucho la ciudad, era una delicia platicar con ella, caminando por Reforma. Nos inquietaban las canciones de Bob Dylan. Yo era camarógrafo de cine y en algunas películas hacía audio, con una nagra, sonido directo para documental”.

Ricardo Montejano recuerda cuando entró a Radio Educación. “Fue hasta l981 que me reencontré con Froylán Rascón. Ya de chamacos, en un grupo interdisciplinario y en solidaridad con los pueblos indígenas, íbamos a las serranías. Era el Grupo Trabajo y Solidaridad con las Comunidades Indígenas. Vente a radio, me dijo, y empiezo a participar. Yo ya había hecho mucho teatro. Ya era cronista de mi tiempo, formaba parte de un grupo privilegiado con Jodorowsky, Hacíamos muchas obras de teatro, le hacía la tramoya a Julio Castillo; vivía yo de eso, de las tramoyas”.

En la gran época del teatro en México, “en los setenta del teatro”. Recuerda cuando le entregó a Julio Castillo el guion de la obra de Francisco Arrabal, “El cementerio de los automóviles”, una obra para hacer su tesis como director de teatro. Fue un acontecimiento esa obra en la ciudad, un deshuesadero donde tienen su hábitat los teporochos”.

Pero es en el programa Diálogo en vivo, que se transmitía a partir de las once de la noche en Radio Educación, donde Montejano inicia su era de productor y cronista radiofónico.

“Terminábamos hasta que dejara de sonar el teléfono. Los productores eran Epigmenio Ibarra y Froylán Rascón y el conductor, un muchacho de Punto Crítico, Rolando Cordera”, recuerda Ricardo con satisfacción.

“A ese programa venían Juan de la Cabada, los viejos impresores del Partido Comunista; Lola y Manuel Álvarez Bravo; nos acordábamos de Tina Modotti. Yo buscaba el texto, los grababa con mi voz y tenía el puntacho de acercarles fotografías de Tina en el estudio. Esto era un acicate maravilloso para los que hablaban de Tina; les recreaba todo un ambiente y Cordera le agarró gusto a la locución”.

Diálogo en vivo ya era crónica, dice Montejano. “A mí gustó porque en el radio había una repercusión inmediata con el público, a veces terminábamos a la una de la mañana; por autodisciplina, hasta que dejaban de sonar los teléfonos de la cabina después de cinco minutos, nos despedíamos”.

En este programa Diálogo en vivo, Montejano asegura que se reunía la imagen, la palabra y el sonido en ese programa. El radioescucha podía escuchar e imaginarse todo.

En los medios está el punto neurálgico

Para Montejano la crónica es un género flexible, reflejo de la vida. Recuerda tres principios que han construido su vida, “que me animan”:

“Una recomendación de Lenin enviada en una carta a un camarada en la cual le decía: Ya basta de razonamientos intelectualoides, hay que mantenerse cerca de la vida. Eso significó para mí una luz gigantesca. El mantenerse cerca de la vida es la crónica”.

“El segundo principio lo retomé de Pasolini, anarquista, cuando se refería al fascismo: hoy en día una persona que se llame a sí mismo de izquierda o derecha en esencia es lo mismo; no hay diferencia entre los dos. Al fascismo lo derrotamos fácilmente, la religión católica no era ningún obstáculo para hacerlos pedazos, una mojigatería; al racismo se le derrota fácilmente, arrastramos el cadáver de Mussolini por las calles de Roma. Por ello, actualmente cuando una persona que se dice de izquierda y de derecha, son sumisos, es lo mismo”.

Para Montejano el fascismo de hoy en día se llama televisión. “Por eso –dice– es que en los medios de comunicación es donde se juegan las condiciones no materiales, no objetivas, pero sí las objetivas de la revolución, de la transformación del pueblo. En los medios está el punto neurálgico, el fiel de la balanza, de los transformaciones profundas”.

El tercer principio de Montejano viene de Ernesto Guevara, el Che, cuando en una reunión con los artistas de Cuba, los calificó de artistas decadentes del imperio. “Los artistas neoyorquinos, les dijo el Che, son mejores artistas que ustedes que son revolucionarios, porque el artista de Nueva York refleja una vitalidad, esa podredumbre y esa decadencia del capitalismo, que ustedes, viviendo el proceso de transformación de la sociedad cubana, no lo hacen”.

“Lo que ustedes producen son imágenes, panfletos acartonados. No reflejan las gestas del pueblo cubano. Están lejos de la vida, les dijo el Che a los artistas cubanos”, recuerda Montejano.

Lamenta que en el mitin de Andrés Manuel López Obrador para defender el petróleo, muy pocas personas grabaron ese acto. No hay mucha gente que se dedique a la crónica, no lo hacen sistemáticamente. No hay sobre todo porque la izquierda no es marxista. Para Marx la revolución será obra de los trabajadores.

Montejano dedicó gran parte de su vida a reunir una serie de archivos sonoros de las lenguas originarias. Por lo menos tiene 50 registros de las sesenta y dos lenguas madre que se hablan en el país. Formó 15 centros de producción radiofónica en las serranía de Oaxaca, de la sierra Zongolica y en la península de Yucatán.

En los setenta se hizo muy militante. “Andaba yo en el medio artístico vanguardista, en Qué fue de la onda; éramos vanguardia, no jugábamos, hacíamos las cosas con gusto y con oficio”.

Ricardo Montejano participó de la formación de células en el valle de Cuernavaca, en el movimiento obrero de los setenta. “Les hacíamos la vida imposible a las organizaciones charras, como de la Unidad Obrera Independiente (UIC), de Juan Ortega Arenas, el protegido de Jesús Reyes Heroles, o del Frente Auténtico del Trabajo (FAT)”.

“Construimos un movimiento comunista obrero en Morelos. No tenían con qué derrotarnos. Parábamos las fábricas. Afortunadamente no sufrimos bajas. Dos o tres cuates nuestros cayeron al bote. Nuestro movimiento obrero era muy fuerte. Ahí me enchufé con los viejos jaramillistas y a través de ellos conozco el México profundo de Guillermo Bonfil, y con ellos a los líderes de los pueblos de Morelos”.

“En la militancia se te acaba el ego. Traer a los judiciales atrás no es nada bonito”, dice con cierto aire de orgullo este hombre alto, delgado, de barba crespa y rasgos cordiales y juveniles en su rostro.

“De 2005 a 2006 grabé los testimonios de esas luchas y hasta de Alfredo Domínguez, (líder del FAT). Fueron once horas de testimonios, tres horas de cada sesión. Recogí la crónica de los secretarios generales, de los que rompieron filas en el zócalo de Cuernavaca. Era el zócalo de nosotros, de la raza, de la militancia que me quitó el ego”.

A Montejano se le reforzó cada vez más la convicción de que en los pueblos indios estaba la alternativa. En Oaxaca, en Veracruz y Yucatán conoció las formas comunales de organización del trabajo colectivo; en Morelos, las luchas de los obreros y de los campesinos jaramillistas y sus tácticas de lucha.

Por ahora Montejano está dedicado a realizar una crónica del movimiento estudiantil de 1968 y a la edición de un libro con testimonios de los jaramillistas, los seguidores de Rubén Jaramillo, el líder agrario asesinado en 1962 durante el gobierno de Adolfo López Mateos.

“Cada quien es testigo de su tiempo y como comunicador se me facilita una visión amplia de nuestro mundo, es como ir abriendo un surco”, dice con una amplia sonrisa Ricardo Montejano del Valle al terminar la entrevista en el área de producción de Radio Educación, donde es uno de sus vitales productores históricos.

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10 noviembre, 2022