Prohibido olvidar
Electoral

Prohibido olvidar

Por Mario A. Medina

A unas horas de las elecciones federales 2021, espero estimado lector pueda usted leer este texto antes de ir a votar y no olvidar que al menos de los últimos cinco sexenios con nuestro voto legal o de manera fraudulenta llegaron a gobernar priístas y panistas e hicieron de este país un gran negocio donde la corrupción fue la reina y hoy sueñan, desean y pelean hasta con los dientes para que vuelvan a presidir este México tantas veces golpeado y exprimido.

En los años 70 y 80 en tiempos electorales era común ver por todo el país bardas pintadas, supuestamente por grupos en la clandestinidad, inconformes con los gobiernos (priístas desde luego) desde donde llamaban a la población a anular su voto como “forma de protesta”. Se decía que el PRI-gobierno estaba detrás, pues era mejor que los electores molestos anularan su voto en vez de que se lo dieran a la oposición.     

Hoy no ocurre esto. La oposición desde luego no llama a anular el voto, suplica el “voto útil”, pero como preguntaba en mi entrega pasada: “¿útil para quién?”

Partamos de la definición de democracia que el diccionario se refiere como “un sistema político que defiende la soberanía del pueblo y el derecho del pueblo a elegir y controlar a sus gobernantes”. La oposición afirma que la “democracia mexicana está en peligro”, que el país va rumbo a una dictadura, a convertirse en una Venezuela más. Sin embargo, no han podido mostrar que así sea. El libre tránsito, la libre empresa, el derecho a votar, a disentir abierta y públicamente son una realidad en México, como la mismísima libertad de prensa que como nunca, medios, reporteros y analistas la practicamos. Es más, en todos los hogares hay papel de baño y se lo compramos a la compañía Kimberly-Clark que presiden Claudio X. González Laporte.

Cuando la derecha asegura que “la democracia está en peligro” es a partir de su concepción, de una clase social privilegiada que siempre fue beneficiada por los gobiernos en el pasado, es a partir de sus intereses y es por eso que hoy cuando no han sido predilectos como sucedió en las administraciones del PRI y del PAN, afirman que la “democracia está amenazada” pues sienten que sus ventajas no están siendo favorecidas, por ejemplo, con la exención de impuestos o con publicidad millonaria a unos cuantos medios y a unos cuantos comunicadores.

Por eso es su guerra, porque si hoy hubiera un gobierno que privilegiara prioritariamente sus intereses, la cosa sería distinta, y en este mismo pleito están también toda una casta de políticos que se han enriquecido a manos llenas, y que si hubiera ganado José Antonio Meade o Ricardo Anaya  aplaudirían esa “democracia” con fuertes raíces de corrupción.

Como nunca estamos experimentado un proceso electoral muy particular donde, y hay que reconocerlo, el gran empresariado nacional se ha metido de lleno y, abiertamente, está participando en política. Ellos, como patrones de sus empleados, de sus peones -de sus “pocholines”, como diría mi amigo oaxaqueño Virgilio López-, son sus dictadores, es decir, los que dictan la línea a los líderes del PRIANRD, dejándolos sólo como una referencia partidista, como un sello, un símbolo, una imagen, cuyas marcas ha acrecentado su desprestigio, su falta credibilidad.

Por su origen, particularmente por su ideología, la mezcolanza de los tres partidos, PAN, PRI, PRD resulta, como señalé en mi entrega anterior, un bodrio que al sumarse en la coalición “Va por México”, lo único que se alcanza a ver es un falso objetivo, dicen, “el interés superior de la población y de la nación”.

Terminaron ya las campañas electorales y nunca supimos cuál es la propuesta social, económica, política de “Va por México”, cuál es el modelo alternativo al de la Cuarta Transformación, al de Morena. Nunca nos dijeron en qué se diferencian del proyecto de Enrique Peña Nieto, del gobierno más corrupto en la historia del país, en qué no se parecen a los gobiernos panistas para optar entonces por la coalición azul-rojo-amarilla. Su propuesta de campaña fue sólo la descalificación.  

Sí, definitivamente debemos votar de manera consciente, hacer una profunda reflexión sobre qué es lo que está en disputa: ¿Los intereses de la población o los intereses de un grupo de empresarios, políticos que ven en quienes han sido sus víctimas, su salvación, y es que nuevamente buscan usar a la comunidad para regresar al pasado y es por eso su guerra hasta done tope.

En algo coincido con ellos. Hagamos de nuestro voto, un voto útil y no olvidemos antes y en el momento de estar dentro de la mampara, frente a las boletas, de las condonaciones fiscales a favor de las grandes empresas nacionales y extranjeras.

No olvidemos la “Estafa maestra” la trama corruptora llamada Odebrecht, la “Operación Safiro” que favoreció al PRI, los miles de millones de dólares que se iban a paraísos fiscales en los gobiernos de Fox, de Calderón y Peña. ¿Qué, nunca se dieron cuenta? Que la Lotería Nacional era una de las cajas chichas de estos y de anteriores gobiernos que enriquecieron a muchos de sus allegados y que sirvieron para chayotear, en serio, a comunicadores que hoy, por cierto, con toda libertad y  a diario afirman que no la hay. 

Que no se nos olvide el cúmulo de acusaciones por corrupción y abuso de poder contra el ex secretario de Seguridad de Calderón, Genaro García Luna, quien ya purga cárcel en EU, que de la Lotería Nacional y el ISSSTE salieron recursos para las mapacherías de la profesora Elba Esther Gordillo para favorecer electoralmente a Calderón en el 2006.  

Sí, que no se nos se olvide la casa blanca de Peña Nieto y la casa de Maninalco en el estado de México de Luis Videgaray, que fueron suyas producto de la corrupción por el pago de favores, que antes de votar venga a nuestra memoria las tarjetas Monex que Videgaray y un montón de funcionarios y diputados priístas  negaron una y muchas  de veces que existieran; decían que eran una “fantasía” -por cierto de sus hoy aliados PAN y PRD-, y resultó que si eran reales y eran de plástico y chip y hasta con la foto del candidato Peña. 

No olvidemos la reforma energética que fue aprobada por PRI y PAN para despojar al país de sus recursos naturales a favor empresas nacionales e internacionales, de los “moches” para que los legisladores que ya prácticamente actuaban en suerte como un solo partido, el PRIAN, votaron  juntos esa reforma energética, la financiera y la laboral en perjuicio de la clase trabajadora.

No olvidemos cómo PRI y PAN descalificaban los apoyos sociales a los viejitos, a los estudiantes, a las amas de casa, no olvidemos que estaban orgullosos de haber votado en favor del rescate bancario IPAB-Fobaproa de Ernesto Zedillo con lo que se perdonaba las deudas de los grandes empresarios y que hasta hoy esas deudas las seguimos pagando todos.

No olvidemos los grandes negocios mafiosos de los gobiernos de Calderón y Peña con laboratorios privados nacionales y extranjeros; que a los niños en Veracruz se les inyectaban agua en lugar de sus medicamentos de quimioterapias, de que el panista construía cascarones de hospitales y nos los vendía como grandes nosocomios de primera. ¿Cómo olvidar su obra maestra la barda perimetral cuando el compromiso fue edificar una refinería o la famosa “suavicrema”, “Estela de Luz” millonaria?

Sí, antes de votar deberíamos revisar la lista de “los diez más corruptos de México” de la revista Forbes: Tomás Yarrington, Humberto Moreira, Fidel Herrera Beltrán, Arturo Montiel,  Andrés Granier; Elba Esther Gordillo, Carlos Romero Deschams, Raúl Salinas de Gortari,  Genaro García Luna, Alejandra Sota, pero usted puede hacer un sencillo esfuerzo y recordará muchos más como Javier Duarte, César Duarte, Manlio Fabio Beltrones, Emilio Lozoya, Marta Fox, Manuel Bribiesca y junto a ellos otro montón de priístas y panistas, y otro más de empresarios, pues a decir del diario El País, “el 60% de los empresarios aceptaron en el 2015 que practican la corrupción como negocio”. Por esto y mucho más nos queda prohibido olvidar.

Que no le cuenten…

Luego de este domingo el panorama político en el país seguramente cambiará, sea cual sean los resultados. La polarización, la división no es para nada lo mejor a seguir. Uno y otros lo deben reflexionar perfectamente. No es bueno para México y menos para la sociedad.

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4 junio, 2021

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