Que no le digan… A lo que sigue
Comunicación Política

Que no le digan… A lo que sigue

Por Mario A. Medina

Luego de que se comenzaron a conocer cuáles podrían ser los primeros resultados definitivos de las elecciones del domingo pasado. Todo mundo, como es lógico, y siempre se ha hecho, se declaraba ganador. Con el paso de algunas horas, las aguas comenzaron a tomar sus niveles correspondientes.

Sin embargo, la narrativa hacia afuera tanto por parte de la alianza cercana al presidente de la República, es decir, MORENA, PT y Verde, destacaba, en un primer momento, un triunfo arrollador en todo el país en el que se incluía casi la totalidad de las alcaldías de la Ciudad de México.

La alianza PAN-PRI-PRD, igual, cantaba como “todo un éxito” el triunfo de las tres fuerzas políticas. “Logramos el cometido”, festejaban. La narrativa triunfante de unos y otros, insisto, es común que se escuche por recomendaciones de los asesores de los llamados “cuartos de guerra”.

Con los días, empezamos a observar los análisis de algunos especialistas que están viendo con ojo clínico los resultados que nos permite entender por qué, muy probablemente, un partido ganó de manera contundente la mayoría de las gubernaturas en juego; cómo y en dónde perdió varias diputaciones, o están prestando atención cómo es que pierden ciudades y ganan en zonas rurales.

De la misma manera, el discurso de la derecha encarnada en la alianza PRI-PAN y PRD de que se levantaron con un triunfo contundente casi arrollador, solo les duró para unas cuantas horas. El mismo Senador panista Gustavo Madero calificó como un “autoengaño” de la alianza “Va por México” pensar que se le ganó a Morena. “Los que queríamos frenar a Morena tenemos muy poco que celebrar”, advirtió. 

Efectivamente la alianza derechista le propinó un duro golpe a Morena en la capital del país al llevarse nueve de las 16 alcaldías. Le guste o no al morenismo fue un “voto de castigo” por muchas decisiones que pasaron a perjudicar particularmente a las clases medias y medias altas, incluso, a las que se identifican con la “izquierda académica”.

Efectivamente, no cabe duda, las campañas “negras” funcionaron de manera decisiva en este sector social que sin ser de derecha propiamente, decidieron votar a partir de las campañas del miedo de que el gobierno de la 4T es un peligro para México, de que el país se puede convertir en otra Venezuela, de que vamos rumbo al comunismo, pero también por la cancelación, en cierta parte, de algunos programas sociales.

El que el Presidente esté “feliz, feliz, feliz” no es para menos, y es que el balance final le permite declarar con cifras del propio INE una victoria contundente, aunque no diría “arrolladora”, no obstante, persisten intereses de los “intelectuales orgánicos” de la derecha que buscan generar una narrativa de que el PRIANRD salió triunfante sobre el presidente. No fue así.

De ello se dio cuenta en el programa de Tercer Grado de Televisa el miércoles pasado cuando Leopoldo Gómez conductor de la emisión le preguntó a Leo Zukerman, quien no es un simpatizante para nada del Presidente ni de la 4T, “¿qué balance haces de estas elecciones?” Zukerman respondió: “No, pues, impresionante el triunfo de Morena, no hay duda al respecto”.

En tanto, en su artículo de opinión en Milenio Diario, un día después, Jorge Zepeda Patterson, ha señalado que la alianza azul-roja-amarilla, no se debe engañar, pues “la fortaleza exhibida no alcanza ni de lejos a considerar la posibilidad de una victoria (de ellos) en el caso de un referendo o, en última instancia, la sucesión en 2024”. Sí, ni las victorias son eternas ni las derrotas son para siempre”.

Es claro que al interior de la alianza “Va por México”, deben estar claros y si no, se equivocan contundentemente que el triunfo que alegan no tiene las dimensiones que presumen, es sólo un mecanismo de mercadotecnia para “animar” a quienes votaron por ellos y seguirlos teniendo como aliados.

Por su parte, Morena no debe creer que ganaron la guerra. Fue una batalla en la que salieron triunfantes pero el saldo no es tan arrollador como, también por mercadotecnia, buscan generar.

Morena debe llevar a cabo una seria, profunda y profesional autocrítica; requieren de un análisis, de un mapeo de en dónde ganaron y en dónde perdieron; en dónde se equivocaron en los candidatos, en dónde descuidaron a su militancia y a sus simpatizantes, dónde deben redoblar su trabajo municipal y estatal, y no atenerse a los “éxitos” de los programas sociales del gobierno federal.

La dirigencia de Morena no debe estar esperanzada que el Presidente les eche una manita, o mejor dicho una manota, como sucedió en esta elección, porque si bien López Obrador no estuvo en la boleta, la gente que votó por Morena, en realidad votó por AMLO.

Deben entender que los grupos de interés, los grupos empresariales, no se quedarán con los brazos cruzados y van a arreciar su guerra. Seguiremos viendo campañas negras, noticias falsas y diversos instrumentos para golpear duro a las espinillas de la 4T, pues el siguiente objetivo de ellos el año que entra es el referéndum revocatorio: “Se va o se queda López Obrador”. 

Si bien, en buena medida al Presidente le ha funcionado su estrategia de enfrentar a los que él llama “conservadores”, creo que no del todo ha sido afortunada, y después de estas elecciones debiera modificar su constante choque con todo mundo, pues la polarización produjo también animadversión hacia él y su proyecto de transformación que llevó a votar a muchos ciudadanos por el PRIANRD como castigo cuando en el 2018 le entregaron su sufragio a Morena.

Independiente de nuestra geometría política-ideológica creo que a los mexicanos no nos gusta que se nos divida. El Presidente es de todos los mexicanos y si bien los pobres son quienes, fieles, le volvieron a dar su confianza, y por consiguiente su voto a Morena, otros sectores también son importantes y podrían tener un papel fundamental en el referéndum del 2022.

De cara a todo esto, Morena, de manera particular, debe ponerse a trabajar en lo que sigue y ponerse las pilas y no echarse a la Hamaca pensando que con las “mañaneras” es suficiente; el Presidente, por su parte, si bien no tiene porqué quedarse callado ante la guerra de la derecha y sus medios de comunicación, debe entender que poco deja como saldo positivo los pleitos gratuitos, las broncas innecesarias, que puede y debe rescatar el voto perdido en esta elección y ganar con una contundencia mayor el 2022.

Que no le cuenten…

Cuando se observa el mapa de la Ciudad de México dividido en dos partes, es más que claro que, generalizando, el lado oriente que ganó Morena, fue producto del voto de las clases medias bajas y bajas. Del otro lado el PRIANRD por el voto de las clases medias, medias altas y altas. Digamos, de un lado se dio el voto de la “lealtad” y del otro el “voto de castigo”.

En el caso de la Alcaldía Cuauhtémoc, prevaleció, aunque en menor grado el “voto de castigo”, pero particularmente se dejó ver el “voto” de las mafias del narcotráfico y del comercio que ha invadido (dejando uno o dos carriles) las principales avenidas alrededor de Tepito como el Eje de Granaditas, que ejercieron un nuevo tipo de fraude electoral, “si no votas por Sandra, nos chingan”; “si votas por Dolores nos echará de las calles”. Esta versión me la confiaron algunos tepiteños que conozco.    

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11 junio, 2021

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